¿Cómo es la representación de género en el audiovisual?

Entrevista a María Castejón Leorza

Es Doctora en Historia por la Universidad de Salamanca con la Tesis “Feminidades y masculinidades en el cine español de la democracia (1975-2000) Rupturas conflictos y resistencias” y especialista en representaciones de género en el audiovisual, y en historia de mujeres y género.  Actualmente escribe en Píkara Magazine, eldiario.es y en su blog Las princesas también friegan, además de impartir cursos sobre la historia de las mujeres y el feminismo.

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María Castejón durante un taller realizado en la Ikastola Jaso de Pamplona (2009) – IPES Elkartea Navarra Aula de Internacional y de DDHH  (Creative Commons)

Comenta que su interés por el tema de género en la historia lo ha tenido desde siempre. Ya cuando estudiaba Humanidades en la Universidad de La Rioja, “siempre que tenía algún trabajo, alguna cosa, siempre lo hacía de mujeres en la edad media, en la edad contemporánea, lo que fuera”. Es cuando hace el doctorado en Salamanca cuando se plantea sobre qué hacer su tesina. Decide, finalmente, hacerlo sobre la representación de género el cine porque, además de que le encanta, como historiadora ve que las mujeres suelen ser invisibilizadas en la historia, pero no en el cine, que además permite analizar las relaciones, a diferencia de otras fuentes.

En cuanto a su labor en Píkara, donde escribe en Pikagramas acerca de películas y series, cuenta que el proyecto nace a partir de una sugerencia que ella misma hace a la directora del medio, June Fernández. Comenta que el criterio seguido para la elección de las películas es que sean de estreno e importantes desde el punto de vista de género, huyendo “un poco de lo obvio”, aunque, comenta, a veces “es necesaria una labor de pedagogía” en películas que necesitan un análisis de género, por muy obvio que resulte. Por otro lado, también analiza películas que “puede que no sean susceptibles de tener un análisis de género, pero que en el fondo sí se lo damos”.

Además, ha escrito Fotogramas de géneros y Más fotogramas de género, donde habla de las representaciones de género del cine español desde los 70 hasta los 2000.

-¿Hay mucha diferencia entre el cine español y el internacional, principalmente el hollywoodiense?

-La diferencia es muy grande y a todos los niveles: técnicos, argumentales…, sobre todo por el tema de los medios. Pero diferencias en el tratamiento de los personajes no veo, las diferencias son más globales. Misoginia hay en ambas cinematografías, al igual que intentos y cambios, y películas muy potentes que rompen con esto. Dentro de esta corriente misógina en el cine -que, a pesar de los cambios, todavía subsiste y persiste- son bastante similares. Pero claro, el cine español tiene su propia idiosincrasia.

“Misoginia hay en ambas cinematografías, al igual que intentos y cambios, y películas muy potentes que rompen con esto”.

-Y tanto en el cine español como en el internacional, ¿es notable la evolución y el cambio a lo largo de los años?

-Sí, sobre todo en el internacional. Tenemos películas como las de Disney: Brave, Frozen, Maléfica, de “muerte al príncipe azul”, de ridiculización incluso de la masculinidad… -bueno, un poco todo el trabajo que he hecho en Píkara- y también  películas como Los juegos del hambre o Mad Max, donde el cambio es importantísimo.

Pero esto subsiste con otro tipo de representaciones, como por ejemplo 50 sombras de Grey. Aunque yo no voy por la crítica de que defiende la violencia patriarcal por toda esta analogía que se hace entre violencia y las prácticas sexuales. No creo que sea una película que tenga esa violencia de género, sino que se da la violencia de la ideología de príncipe azul que te viene a salvar, la niña virgen a la que pervierte con todas las prácticas… Y es un producto triunfante, de masas, que tiene un poso muy patriarcal todavía.

-¿Qué diferencias hay entre la representación de género en el cine y en las series?

Hay una gran diferencia pero sobre todo por el tema del formato. Una serie puede llegar a durar 7 temporadas, con 13 capítulos de 45 minutos. El desarrollo de los personajes, tanto femeninos como masculinos, es mucho más amplio y rico. Creo que toda ruptura es importante, no sólo en el tema de la representación de género, sino también en todo el tema de los colectivos LGTBI. Están dando una respuesta a todas las problemáticas de la contemporaneidad que el cine no hace.

El tema de las series también tiene que ver con una cultura de consumo. Desde el boom de Los Soprano, esta supuesta tercera edad de las series, hay un gran cambio y es mucho más fácil el consumo. Están dirigidas a un espectro poblacional que ya no sale tanto y se queda el fin de semana viendo series, algo que con el cine todavía no ocurre.

“Una serie puede llegar a durar 7 temporadas, con 13 capítulos de 45 minutos. El desarrollo de los personajes, tanto femeninos como masculinos, es mucho más amplio y rico”.

-En cuanto a directoras, guionistas y compositoras, ¿cómo ves la situación?

-Bueno, sí que es verdad que hay más, pero los porcentajes siguen siendo mínimos. Los últimos datos del estudio de Fátima Arranz de principios del 2000 decían que solamente había un 7% de directoras de cine. Pasa lo mismo con las directoras de fotografía, ¿cuántas hay en este país? Ninguna que yo sepa, igual estoy equivocada. Con las compositoras pasa lo mismo, pero como con todas las profesiones. Cada vez hay más productoras, pero todavía el camino es muy lento. Tampoco porque haya mujeres significa que tenga que cambiar, es más complejo. Pero está claro que el tema de las cifras está ahí, y todavía estamos muy muy por debajo.

-Y en cuanto a creadoras de series, ¿crees que el panorama es mejor?

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Shonda Rhimes dando una conferencia en TED (Vancouver, Canadá, 2016) – Bret Hartman/TED (Creative Commons)

Se produce mucho más, así que estadísticamente tienen que ser más mujeres. La directora más famosa que conozco de series es Shonda Rhimes, creadora de Anatomía de Grey y Scandal. Anatomía de Grey es un clásico, y Scandal también. Y hay que ver todo lo que tiene Scandal: una mujer negra protagonista que se lía con el presidente de EEUU. Creo que es muy importante. De calidad es un poco irregular pero es muy interesante. Y tampoco conozco a muchas más creadoras de series. ¿A ti se te viene en mente a alguna?

 

-Bueno, la creadora de Steven Universe es la primera directora de una serie para Cartoon Network.

-Sí, fíjate, todavía en 2016 es noticia que una mujer esté creando una serie de dibujos. En los dibujos también hay muchos cambios. En los Simpsons en todos los niveles y en el tema de género también. Lo vemos en el personaje de Lisa, que es un amor, con todos los conflictos que tiene con su madre, en cómo asume Marge ese modelo de ama de casa tradicional, que también tiene muchas críticas. Hay un episodio en el que viene una amiga suya que ha triunfado en la vida laboral, pero en el fondo tiene envidia porque Marge sí que tiene hijos. Todos estos conflictos de la vida diaria en los Simpson también están muy bien reflejados.

-Y hablando de series, infantiles sobre todo, ¿cómo crees que es el papel de las series infantiles?

-Pues ahí me pillas un poco más perdida, porque no veo muchas series así. Pero sí que, como rasgos generales, siempre hay una defensa de la familia tradicional, heterosexual y de los roles aunque ya haya madres que trabajan.

 -Hablando de publicidad, un terreno bastante desastroso, ¿por qué crees que en este ámbito no se dan los mismos cambios?

-Yo creo que es un misterio bastante insondable. Hay una especie de tendencia ahora que me causa mucha risa. Es lo que pasa cuando la publicidad asume todos estos lemas de las mujeres o de los feminismos. Hay un anuncio de Kaiku sin lactosa, que dice “no me complico, vivo mi vida”. Tengo un artículo en eldiario.es reflexionando alrededor del concepto de feminismo chic, qué es lo que pasa con todo esto, con lo desvirtualizador que puede ser. Hay una parte de los feminismos que lo considera nefasto porque se está pervirtiendo el mensaje. Y otra corriente a la que nos parece positivo que se visibilice, pero dentro de saber que estamos pactando con el enemigo, y que el capitalismo en el fondo lo puede llegar a pervertir todo. Está esta corriente y luego está otra, como el anuncio de lavadora -creo que Samsung-, en el que de repente da la impresión de que los únicos que ponen la lavadora son los hombres.

La publicidad es tan perversa que tenemos productos de limpieza publicitados por mujeres, unas que no nos remiten ya a ese modelo de ama de casa tradicional; pero que aún es peor, porque se incentiva el modelo de la súper woman. Tú trabajas pero también llevas la casa, pones el fairy, encima estás preciosa y siempre de buen humor. Es un modelo súper irreal y muy costoso, y provoca muchísimos problemas personales e incluso de salud.

¿Por qué? Pues no tengo ni idea. Hay otro anuncio también de Casa Tarradella, en el que una niña le dice a su padre que le ha dejado su novio, y el padre piensa “no tengo ni idea de qué hacer, pero te saco un pizza”. Sí que es chulo, por todo lo que significa en cuanto a modelos de masculinidad y paternidad.

Pero los ejemplos son muy puntuales. No sé hasta dónde llegará toda esta línea que parece que sí que apunta, pero que va mucho más tarde y más despacio que las series y el cine.

-¿Qué podemos hacer nosotras como consumidoras, para poder cambiar esta representación en los medios?

-Pues es muy complicado, porque en el fondo, si nos referimos a la publicidad, ¿sería dejar de consumir ciertos productos? Hay vídeos muy chulos que la gente hace y los tunea en Internet para visibilizar todo este horror y este ridículo. Pero es muy complejo.

Sí que hay campañas, como una con el tema de Playmobil, que sacaron una colección hace un mes y medio sobre playmóbiles en la historia y no había figuras de mujeres. Hubo una campaña fortístima en Internet y Planeta de Agostini rectificó, pero yo no tengo ni idea de qué ha pasado al final. Ocurre algo y Playmobil o quien sea responde, pero luego no sabemos hasta dónde llegan. Creo que las propias estrategias inmediatas que tenemos son muy fuertes pero surgen en un momento determinado, de modo que luego a los dos días se nos ha olvidado.

¿Dejar de consumir ciertas películas o ciertos productos? No lo tengo muy claro, no sé hasta dónde podemos llegar a tener impacto, y por otra parte, ¿dejar de ver un producto? Yo soy más partidaria de verlos y luego criticarlos y desmontarlos. Pero es muy complejo a nivel consumo ir contra todo este engranaje.

Yo soy más partidaria de ver los productos y luego criticarlos y desmontarlos”.

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